Las tres chicas siguen caminando hasta que se dan cuenta de que falta
una, se giran y la ven allí parada, como si hubiese visto un fantasma.
-Marina, ¿que pasa?
-Es él, esta allí.
Miran hacia donde Marina señala y ven a un chico con el pelo castaño y bastante
guapo en un bici, mirando para todos lados, como buscando a alguien.
-Tía, te lo dije, os vais a volver a ver. Sabía que el destino no fallaría.
-Diana no puede estar mas ilusiona, casi da saltos de alegría.
Sin embargo Marina sigue ahí parada, ni contenta, ni enfadada. Tiene una
cara extraña, no entiende nada. ¿Por qué ella? Los chicos como él hacen cosas
así por chicas como Lucia, por ejemplo. Lucia es alta, rubia, un cuerpazo y
unos ojos verdes preciosos, parece una modelo. Pero Marina sabe que ella no es
para nada así, es todo lo contrario, baja morena y los ojos casi negros, piensa
que no muchos chicos se fijarían en ella.
-¿Pero que haces que sigues ahí parada?- Dice Andrea empujándola.- Corre
a por él.
-No voy a ir, que vergüenza.
-¿Pero como que vergüenza? Si ha venido él a por ti. Correeee.
-Pero nosotras nos vamos ahora a comer.
-Venga, si seguro que te invita a comer. Nos vamos nosotras, y ya nos
veremos esta tarde. Anda, vete ya.
Marina les hace caso. Se despiden de sus amigas con dos besos a cada una
y va en dirección a aquel chico.
Las tres amigas se quedan allí para ver el espectáculo, por nada del
mundo se lo perderían.
-¿Me estas buscando?
Hugo aun seguía mirando de un lado a otro, pero en cuanto oye esa
preciosa voz se gira en seguida.
-Que va, solo pasaba por aquí. Ni me acordaba de que este era tu instituto.
-Ah, vale. Bueno, pues si no quieres nada me voy.
-No, espera.
Marina sonríe, estaba esperando que le dijese eso.
-Voy a ir a comer por aquí cerca. Ya que nos hemos encontrado
casualmente, podemos ir juntos.
-Bueno, vale. No tengo nada mejor que hacer.
-Si yo tampoco.
Los dos saben que son unos mentirosos, están deseando estar juntos.
Marina sube a su bici de nuevo y Hugo empieza a pedalear.
Para enfrente de una pizzería.
-Espero que te guste le pizza.
-¿A quién no le gusta la pizza?
-Y yo que sé, no se nada de ti. Ni siquiera como te llamas.
Marina ríe, y con la intención de molestarle, le dice:
-Ya me pensaré si decírtelo o no.