Minutos antes.
-Ya estoy llegando jefe, no se preocupe. -Miente.
Hugo cuelga el teléfono y casi se tropieza por las escaleras de su
edificio de lo rápido que va. Se ha quedado dormido y hace quince minutos que tendría que estar en la cafetería donde trabaja. Rápidamente le quita el candado a su bicicleta y sale corriendo. Hugo empieza a pedalear rápidamente hacia la cafetería donde su jefe lo espera furioso. De repente le vuelve a
sonar el teléfono, pero esta vez no es su jefe, lo sabe porque en vez de sonar
el simple tono de llamada suena la canción The Scientist de coplay, que la
tiene como todo de llamada para sus amigos. En ese momento se despista por un
segundo cuando choca con alguien que cae al suelo.
-¿Pero qué haces idiota? –Grita Marina.
-Lo siento, no te he visto. -Responde Hugo preocupado por aquella
chica.
Rápidamente baja de su bicicleta y ayuda a la chica a incorporarse.
-Mierda, mira mi ropa, llena de barro. Y encima la camiseta nueva.
-Lo siento. -Vuelve a disculparse.
Marina mira al frente y ve de lejos el autobús.
-¡Que mala suerte! ahora tengo que volver a mi casa, cambiarme e irme
andando al instituto. Esta claro que a primera hora ya no llego.
Hugo escucha a la chica preocupado. Mira su reloj, es demasiado tarde. La
vuelve a mirar a ella, es una chica muy guapa, le da mucha pena y no puede
evitar decirle:
-Si quieres te llevo a tu casa para cambiarte y luego a tu instituto.
Que mono. Piensa Marina, que con el enfado ni siquiera lo ha mirado. Y
encima se ofrece a llevarla.
-No gracias, tú tendrás que irte, y yo ya de todas maneras llego tarde.
-No, insisto.
Marina lo mira y sonríe.
-Vale, muchas gracias.
Se sube detrás de él y le indica hasta llegar a su casa. De camino va
pensando que es realmente guapo, y encima muy amable y simpático.
-Bajo enseguida.
-Aquí te espero.
Marina abre la puerta de su casa, sabe que su hermano pequeño ya se
habrá ido al colegio con su padre, y su madre a trabajar. Sube corriendo a su
cuarto. Esta vez decide ponerse unos pantalones cortos rosas, una camiseta blanca
de tirantes, con la espalda descubierta, y unas Vans rosas.
Vuelve a bajar corriendo las escaleras, abre la puerta y ahí la espera.
Es realmente guapo.
-Ya estoy. -Le dice mientras se monta detrás.
Él no dice nada y se pone a pedalear. La verdad, es que ella le parecía
bastante guapa. Lo pensó en cuanto la vio, y creía que no podía estarlo más, pero sin duda se ha superado.
Marina fue indicándole el camino hacia el instituto. Ninguno de los dos quería que aquel pequeño encuentro terminase, ¿flechazo? Puede ser.
-Allí es. –Señaló Marina. Era un pequeño edificio gris que parecía mas
que un instituto una cárcel. Rodeado con una pequeña y vieja verja. No se veía gente fuera, ya estaban todos los alumnos en sus respectivas clases.
Ahora le tocaría a Marina física. La verdad es que no le importaba
saltarse esa clase. Odia la física, aunque no mas que las matemáticas.
Hugo frena su bici justo enfrente de la puerta, y ella baja una vez
más de su bicicleta.
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